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diciembre 11 de 2018
NOTICIAS

Marchantes de Nazaret.

Un joven Wayuu caminó desde Punta Espada hasta Nazareth para recibir sus clases de 11 grado de bachillerato.
Departamento - 2018 / 12 / 06

Por: Estercilia Simanca Pushaina - Abogada Wayuu

El sacrificio de los padres y los docentes en esa etapa dificil: el prescolar. A diario veo niños despedirse de sus padres en la puerta del colegio que queda cerca a mi casa, de donde mi mamá me sacó porque no soportaba verme llorar cuando me dejaba, era muy niña, tres años antes me habían cortado el cordón umbilical.  Al cabo de unas horas esos niños volverán a estar en casa.

Se imaginan entonces ¿qué es estar interno tan pequeños, despertar lejos de la mamá y mecerse solo en un chinchorrito? y por otra parte la responsabilidad de los docentes de enseñar y cuidar a los más pequeños de la comunidad educativa? Seguramente nunca se lo ha imaginado, ya no se lo imagine, celebre que estos niños Wayuu pasaron esa etapa y subieran a otra donde comenzarán a tejer palabras y sonidos en el idioma dominante, ese que se habla allá en el pueblo de los arijunas, son tan pequeños e hilan palabras que piensan en wayuunaiki y pronuncian en español, tan pequeños y son sin saberlo bilingües, son bialfabetas.

Un joven Wayuu caminó desde Punta Espada hasta Nazareth para recibir sus clases de 11 grado de bachillerato. Una vez "normalizada" la contratación de transporte escolar pudo abordar la ruta que lo dejaba menos lejos de su destino, pero él prefirió caminar y llegar puntual a clases, si se encontraba con la ruta ¡bien! Sino ¡también! Lo único que sé es que si caminó 30 kilómetros durante 6 años en un territorio inhóspito para el extranjero, podrá caminar hasta dónde el corazón lo lleve.

Compartieron con el joven de Punta Espada los hermanos Pablo Emilio Prieto Suarez (toga negra) y José Marcelino Prieto Suárez (toga azul) ellos recibieron grado de bachillerato en el internado de Nazaret, el último día de noviembre, al igual que el joven de Punta Espada, caminaron 3 horas diarias durante 6 años, junto a su hermana menor Maira Alejandra, para terminar esta etapa, pero un compañero marchante no pudo estar presente, el joven de Punta Espada. Por el me interesé a escribir sobre los Wayuu marchantes, logró culminar académicamente, pero en la noche de graduación fue el gran ausente, está en alguna parte de la geografía colombiana prestando el servicio militar, vio la oportunidad y se fue. No usé comillas en la palabra oportunidad, porque cuando no se tiene opción de conocer las oportunidades, esa quizás la sea. Así lo expresaron, así será.

Entonces ni la voluntad política, ni sabiendo el origen multicausal de la hambruna Wayuu, ni las donaciones de multivitaminicos, ni la demanda show en la CIDH acabarán con lo que siempre ha existido en la comunidad: El hambre. Así de dura y sencilla es la situación. El pasado mes de noviembre los grados de prescolar en las escuelas rurales me lo confirmaron, unos lo lograran otros no. Esto es un juego, que los Wayuu tampoco están interesados en jugar, no obstante, son fichas fáciles de mover en los estudios, en los niños fantasmas del PAE, en las demandas internacionales, en las donaciones, en las pasarelas benéficas, en el papel. 45 niños muertos en las cifras oficiales, pero hay más, los que son sepultados a donde las instituciones no llegan, no obstante, más de 1000 infantes Wayuu entre los 6 y 7 años culminaron su prescolar, ¿por qué? Porque al interior de su seno familiar hay responsabilidad, uno de los padres piensa diferente al resto. Sí, así de dura y sencilla es la realidad en el Pueblo Wayuu.

Mi abuelo no quería que sus hijos estudiarán, que comieran y aprendieran a labrar la tierra sí, pero estudiar no. Mi abuela contrabandeaba huevos de gallina para que sus hijos estudiaran y lo cambiaran en la tienda por la merienda Wayuu: gaseosa, boli y pan rojo, porque estaba convencida que el color rojo les daría el impulso de caminar todos los días desde lo que hoy es el resguardo Caicemapa hasta Distracción, donde  caminaban presurosos para que no les tocará detenerse en el momento del himno nacional en las puertas del batallón, hoy mi mamá me cuenta y mientras lo hace lo canta y se ríe. En esa marcha ella atravesó fronteras naturales y conoció en Fonseca a la mujer árabe más hermosa del mundo, mi tía Rosa aprendió por correo sus primeras lecciones de enfermería, mi tío Ramón el más grande de nosotros vendió carbón vegetal con sus dos hermanas que escondían su rostro bajo una tela mientras iban montadas en Morouna, una mula que mi mamá a veces evoca. Mi abuelo sólo tuvo a Remedios como única esposa y con ella tuvo 8 hijos. Y puedo seguir contando...

 

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