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diciembre 11 de 2018
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La youtubización y bluetunización de las parrandas

Nada aportó tanto al impacto de la música en la vida cotidiana de las personas que su reproductibilidad mecánica, luego electrónica
Departamento - 2018 / 11 / 26

Por: Abel Medina Sierra - Investigador

Nada aportó tanto al impacto de la música en la vida cotidiana de las personas que su reproductibilidad mecánica, luego electrónica. Es decir que no siempre necesitemos a los músicos en vivo para escuchar su obra. Esto vino de la mano de la grabación, pero recibió un gran impulso por la portabilidad de la música que tuvo su primer auge en los 80´s.

Antes de esa década, teníamos que ir a una casa o cantina a escuchar música de tocadiscos, picós (o sound system) o traganiquel. Se lanzaron reproductores de casetes o grabadoras pequeñas y otras no tanto, pero que permitían que uno “se fuera con su música a otra parte”, y armar parranda en la playa, a orillas del rio, en la esquina o en el parque del barrio. La música se hizo portable a través de estos dispositivos y otros más personales como el discman. Para esta época, el casete comenzó a convivir y hasta remplazar al disco de acetato. Si la parranda o fiesta era con disco, se corría el riesgo que si se abusaba de la reproducción se rayaba, que había que voltearlo para escuchar el lado B y cualquier roce ya afectaba el sonido. Si era casete, para regresar o buscar una canción específica, se recurría al “kilométrico” para adelantar o retrasar la complicada cinta, la cual no pocas veces se enredaba y era toda una minuciosa y lidiosa tarea pegarla con esmalte pintauñas.  

Otro gran salto en la industria del sonido, fue el paso al disco compacto. Gran ganancia en la calidad del sonido, con los equipos vino el control remoto para no tener que movernos tanto para buscar una canción. Ante la dificultad que había que moverse para cambiar el disco una vez terminaba, se impuso el equipo que podría reproducir hasta 5 discos automáticamente. Con las grabadoras de CD, la portabilidad de la música se acentuó mucho más.  Pero fue con los formatos de MP3 y MP4 que la música se hizo más portable, almacenable, intercambiable y, por lo tanto, copiable y pirateable. Ya no se necesita un cuarto y grandes baúles o estantes para guardar todas las colecciones de los 10 más grandes intérpretes del vallenato, sino que caben en una diminuta USB. Una lista de reproducción para una parranda de toda la noche te cabe en un CD. Se vino la moda de las listas de reproducción, armadas al gusto particular del melómano, componiendo o descomponiendo su crossover tomando algo de aquí, otra cosa de allá. La parranda se volvió más diversa musicalmente, se hizo más fácil localizar una canción, repetirla, programarla.

Hoy en día, desde el mismo dispositivo móvil, usando ciertas plataformas de música digital como Deezer, Spotify, Apple Music, Google Play o ITunes, se puede acceder a millones de canciones en casi todos los géneros, cosa impensable en la época del acetato.  De igual manera, se ha producido una secularización del manejo de mezcladores como Vitual DJ, Zara Radio o Atomix que antes eran privilegio de los DJ y productores de radio, y que permiten que hagamos mezclas, agreguemos efectos y programemos al gusto la música que queremos escuchar.    

No contentos con esto, nuestros jóvenes están llevando la escucha de música a una competencia del descreste. En el caso de las fiestas y parrandas, los pelaos tienen el afán de hacernos ver a los adultos como unos verdaderos cavernícolas en la reproducción musical.  Con frecuencia notamos cómo los jóvenes ya poco acuden a listas de reproducción y mucho menos al CD, sino que acuden al siempre dispuesto, vasto y universal You Tube. En parte, se trata de esa inclinación de los millenials hacia lo visual, pero también a la intención de que, con solo escribir en la barra de búsqueda el título de la canción, ya la tienen en distintas versiones.  Hasta ahí todo bien. El fastidio es que salimos a bailar y cuando esperamos la siguiente canción, se nos viene un comercial de vehículos. Además, hay canciones que demoran al cargar y de pronto, se detiene el video y nos deja en silencio.

La otra tendencia de los jóvenes, es descrestarnos con el bendito bluetooth. Los nuevos equipos permiten que cada quien, desde su celular, pueda programar y cambiar la música. Lo malo es que, si no está en modo “No molestar”, se interrumpe la canción cada vez que entra un mensaje o llamada al móvil, y los jóvenes no quieren estar desconectados. Se presenta un largo silencio entre una y otra canción y cuando varias personas tratan, al tiempo, de competir para programar la música, se impide la reproducción. En últimas, ni tan lidiosa como el acetato y el casete, pero ni tan moderna como la youtubización y bluetunización de las fiestas, un término medio es preferible.    

 

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