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noviembre 21 de 2019
NOTICIAS

Cuando somos las Wayuu las que maltratamos a las niñas de nuestro Pueblo

"Las niñas Wayuu no sólo son maltratadas en las casas de los arijunas, también en las rancherías Wayuu"
Departamento - 2018 / 11 / 10

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la posición de www.guajirapress.com

Por: Estercilia Simanca Pushaina - Abogada y escritora del Pueblo Wayuu.

Ya lo que ocurra con la niñez Wayuu dejó de ser un problema territorial y clanil, por cuenta de nosotros mismos cuando permitimos y en buena hora que las cámaras de la televisión nacional nos mostrara a nosotros mismos que estamos igual o peor que el resto del Colombia. Ya no sólo nos disputamos la deshonra con el Chocó, ahora Colombia y el mundo también sabe que somos igual de clasistas que la Cartagena elitista, que allá tiene ayas y nosotros aquí tenemos "chinitas"

Ha sido una constante en mi vida y en los de mi generación, de mi familia, no repetir las malas costumbres de nosotros, los Wayuu, cuando se trata de menores, como esa costumbre que no tiene nombre de entregar a las niñas en casas de arijunas para que tengan un futuro diferente, entendiendo esa diferencia como un futuro mejor. He visto niñas Wayuu crecer en la ciudad, encerradas de enero a noviembre, cargando niños y sufriendo trasnochos en ese oficio, he visto como se les ha borrado la sonrisa y en el peor de los casos las he visto aborrecer a su familia y conocer tan pequeñas la resignación.

Sin embargo, las niñas Wayuu no sólo son maltratadas en las casas de los arijunas, también en las rancherías Wayuu. Es indignante que las niñas Wayuu sufran maltrato en las casas de los arijunas, pero cuando es la "chinita en una casa Wayuu" es una aberración. Si usted tiene a una pequeña doncella y siente en su alma que le ha dado un buen trato, el agradecimiento y reconocimiento vendrá de ella o de ellas, no de mí, en mis recursos literarios debo generalizar e incluirme.

He tenido noticias, gracias a las redes de un caso de maltrato de la menor Wayuu Yorbelis del Carmen, (sin más datos) de la comunidad de Zuaramana, municipio de Uribia, por parte, al parecer de una docente que tiene su cuidado y que además es su propia familia, invito a que se pronuncien sobre ese hecho, es la oportunidad de hacer visible los demás casos donde niñas Wayuu son abusadas y ultrajadas por su misma familia, por su misma sangre, por su misma carne, repudio desde lo más profundo de mi alma esos golpes, sólo Dios sabe el ejercicio mental que hice para escuchar esos gritos contenidos en un vídeo que llegó a mi WhatsApp temprano, haciendo de hoy un horrible despertar. No me hace falta saber la otra versión, con los gritos y los golpes en el cuerpo frágil, morenito y salado de tanta lágrima de la niña me basta.

A quien le pega, busque ayuda, uno no puede descargar su frustración en la niñez, uno vino a este mundo a ser feliz y más si se está rodeada de niños, usted así, puede constituirse en un peligro para la sociedad.

Ha de ser una frustración muy grande la que lleva a descargar toda su furia sobre menos de veinte kilos de humanidad, sobre menos de un metro y veinte centímetros de vértebras, fibras y carnes tiernas. A mí, mis frustraciones me hacen llorar, me desploman, caigo llena de lágrimas que derramo en el piso, en la playa, en el patio de mi casa o en la habitación fría de un hotel, pero me vuelvo a levantar. ¿Qué me frustra? Me frustra gente como usted que dice ser docente, madre y líder de una comunidad, yo no soy ninguna de las tres, pero nada de eso me frustra, no me gusta la responsabilidad ética de lidiar con niños, mejor juego con ellos, les cuento un cuento y los hago dormir, jugaría todo el tiempo hacer wayunnkeras y a todos, absolutamente a todos les pondría un ¡diez! Conmigo aprenderían jugando. Ser líder, sí que menos, prefiero seguir en la masa como la que no aplaude mientras los otros lo hacen. Insisto, qué barbaridad ha de ser su frustración mujer, lo poco que dejan ver las imágenes es una voz, una horrible voz llena de odio, gritando con irá a una niña que sólo vino a este mundo, repito, a ser feliz, el llanto de la niña ahogado en cada golpe que le asesta, sigue pegándole, no se cansa de hacerlo, ¿Por qué la odia?

Qué maldad puede tener una criatura tan frágil y morenita como la arena de su territorio clanil. ¿Acaso no ha pensado en que esa niña crecerá? ¿No le da temor sembrar más odio en este planeta o más egoísmo en la comunidad Wayuu?

¿Y cuando somos las Wayuu, las que maltratamos a las niñas de nuestra comunidad? Los tiempos han cambiado, nosotras debemos dejar atrás esa mala costumbre de entregar a nuestras hijas y sobrinas para que estén "bien" para que otros le den lo que nosotras no podemos. Debemos dejar esa costumbre de aceptar las niñas que nos quieren entregar, patrocinar a la madre irresponsable que se va para Venezuela a trabajar cuando puede hacerlo aquí mismo, ni en tiempos de bonanza la situación de las mujeres Wayuu en Venezuela estaba mejor que ahora, allá también existe la explotación. Si nosotras no podemos tener a una niña en condiciones dignas no las aceptemos. Levantése usted misma a buscar el vaso de agua, sirva usted misma el café a sus visitas, vaya usted misma a la tienda el medio día, trate a esa niña como trata a su hija, sino, no la acepte, no repitamos las historias recientes de nuestras casas. Los tiempos han cambiado, enseñeles a esas niñas que ve caminando por el Malecón sobre los peligros de la noche, ya que sus madres no lo hacen, usted que es psicóloga, abogada, politóloga, docente, trabajadora social, periodista, mecánica pesada, diseñadora, médica, juez, de la comunidad Wayuu no tenga chinitas para que le hagan los oficios, apoyelas, como las pequeñas doncellas que son, pero no las maltrate. Entonces ¿Cuándo somos nosotras, las Wayuu, las que gritamos "pedazo e' india" a una niña Wayuu qué venimos siendo?

A las autoridades colombianas, que ahora no se salgan por la tangente invocando los "usos y costumbres Wayuu" hacen eso y yo personalmente formulo un disciplinario por omisión. No aleguen, ni acepten los usos y costumbres en un caso flagrante de violación de los derechos del menor, por el hecho de que las partes sean Wayuu una de ellas menores, les corresponde a los agentes del ministro público representarla y protegerla o como algo nunca antes visto en los procesos judiciales:  siendo la niña de mi étnia y en situación irregular, podría yo y muchas mujeres Wayuu dispuestas a protegerla constituirnos en su parte civil.

 

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