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octubre 18 de 2018
NOTICIAS

La conjura de los necios

"Esta es la escena social del nuevo milenio donde se vuelve un riesgo consultar al ciudadano si es su voluntad que sus dirigentes no le roben"
Por: Ángel Roys Mejía @Riohachaposible - 2018 / 08 / 28

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la posición de www.guajirapress.com

Angel Roys Mejía @Riohachaposible

El título de esta columna es tomado de una novela ganadora del premio Pulitzer en 1981 y de autoría del novelista John Kennedy Toole. Escritor brillante que trató por diversos medios que las editoriales publicaran esta, su obra cumbre, acumulando años de intentos fallidos. Gracias a la persistencia de su madre, años después, la obra salió a la luz pública.

Dibuja y caracteriza el autor a un personaje anacrónico, testarudo y fanfarrón que sueña con un modo de vida medieval; apropiado de un concepto de realidad particular que le hace pensar que es un incomprendido de la humanidad y que el resto de la sociedad conspira en su contra en una especie de conjura de necios. Ignatius J. Reilly obeso y glotón a sus 36 años aun vive bajo la dependencia de su madre, una anciana pensionada que soporta hasta límites insospechados la patanería y desconsideración de su único hijo.

El personaje se jura mártir mientras fracasa adrede en cada intento de conseguir trabajo. Es despedido una y otra vez mientras acumula en un diario reflexiones que jura cambiaran el rumbo de la humanidad.

Aquí faltó el peso para el centavo. No se buscaba en el tarjetón al candidato que iba a ganar, no había con quien legitimar un acuerdo por los votos; como Ignatius se concibe una retórica política, cuya ideología es la desmesura. Es en esta escena social del nuevo milenio donde se vuelve un riesgo consultar al ciudadano si es su voluntad que sus dirigentes no le roben y que la política se vuelva una practica digna y ejercida por los mejores hombres y mujeres.

Once millones de colombianos de los 36 habilitados para votar salieron a las urnas sin transporte, sin estimulo, sin los 50 mil pesos, sin el tamal y sin ningún tipo de incentivo compensatorio, pero no fue suficiente. En La Guajira solo un 12 por ciento de sus ciudadanos se movilizaron en la consulta anticorrupción,  los resultados se quedaron en el sótano de la ignominia, a pesar de que media docena de sus gobernadores han sido judicializados por problemas asociados a la falta de ética y legalidad en el manejo de lo público y que el alcalde de la capital mantiene a la ciudad congelada bajo su condición subjudice. La región sigue soportando, como la mamá de Ignatius.

Cita Juan Carlos Monedero en su libro Curso Urgente de política para gente decente que Dios existe cuando lo nombras y la democracia, cuando la convocas. La Guajira y su capital subvierten esta tesis. Aquí se expresa una noción de indiferencia casi absoluta sobre temas que concitan el interés colectivo. Los resultados del pasado domingo no son una muestra más de abstención deliberada; es la confirmación de que  la decisión de concurrir a las urnas solo la motiva un materializado individualismo con respecto a las necesidades y problemas sociales.

No nos interesa que tanto está calificado un dirigente para el manejo de lo público, no nos importa que nos roben o se de destinación indebida a los recursos de todos, sino que las decisiones que se tomen sirvan a nuestros intereses íntimos, porque  creemos que el bien común y los derechos que nos asisten sobre lo público no existen.  Seguimos resignificando la noción de “pueblo” en la porción de Ignatius que habita en nuestro relato de lo social y de lo colectivo.

En esta alteración del orden una consulta anticorrupción es una conjura de necios, un manifiesto de tartufos a los que se les seguirá derrotando en las urnas, como debe ser.

 

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