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septiembre 20 de 2018
NOTICIAS

La cumbre vallenata con Duque

"Me atrevo a decir, que quienes la lideraron utilizaron a muchos de los que fueron"
Por: Abel Medina Sierra - 2018 / 07 / 13

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la posición de www.guajirapress.com

Dos hechos inéditos pudieron inflarnos la esperanza sobre el proceso de patrimonialización de la música tradicional vallenata y su consolidación nacional como género hegemónico, amenazada últimamente por la música popular de despecho y géneros urbanos.

A inicios de abril, se reunieron en la casa de campo de Poncho Zuleta en Valledupar, varios intérpretes, en una convocatoria liderada por el mismo cantante, Jorge Oñate, Iván Villazón y los acordeoneros Israel Romero y Emilianito Zuleta. La pomposamente llamada “Primera cumbre de artistas vallenatos”, se hizo a puerta cerrada. Poco se supo de lo que allí se consensuó y todos nos quedamos esperando un pronunciamiento para saber, específicamente, cuál era la agenda que los motivaba al primer gesto de rebeldía y reclamo por parte de los músicos vallenatos.

Frases sueltas como “queremos defender el vallenato tradicional”, “las emisoras deben programar más vallenato”, “en los homenajes del Festival de la Leyenda Vallenata (FLV) hay muchas discriminaciones” fueron el único balance de esta cumbre sin manifiesto. Escarbando un poco, la cumbre era, más bien un reclamo contra el FLV, lo que buscaban quienes lideraban la misma es que se les garantizara permanentemente su presentación remunerada en las galas del festival y que su nombre se tuviera en cuenta para los homenajes. No había otra agenda, aunque allí llegaron Carolina Celedón y Karen Lizarazo, pensando inocentemente en fines más altruistas de la cumbre y dejaron sentada su clamor por más espacios para las mujeres y respeto para ellas en las líricas ofensivas de los nuevos autores.

El segundo hito se dio en el Club Campestre de Barranquilla días previos a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.  Se trata de la muy sonada reunión con el hoy presidente electo Iván Duque, lo que creó en el país político el imaginario que el candidato de Uribe tenía el respaldo masivo de los músicos vallenatos, aunque en la reunión no llegaban a 20.

A Poncho y Silvestre, éste último líder ausente, se le sumaron Aníbal Velásquez, Jorge Celedón, Pipe Peláez, Beto Zabaleta, Alfredo Gutiérrez, Oñate, Villazón e Israel Romero, Juan Piña y hasta representantes de la Nueva Ola como Luifer Cuillo, entre otros. Lo que se supo de esta nueva cumbre proselitista, además de los versos y canciones de exaltación, tragos y comilona, es que dieron el mensaje que iban e invitaban a votar por Duque.

Tampoco hubo manifiestos, ninguno le pidió al hoy presidente electo, que dentro de su rimbombante y snobista propuesta de “economía naranja”, qué acciones concretas tiene pensadas para las músicas con riesgo urgente de salvaguarda como declaró la Unesco al vallenato tradicional. Ninguno de los que asistió mencionó el Plan Especial de Salvaguarda, tampoco exigieron que, así como el Estado le dio una frecuencia al rock en el espectro radial nacional, le confiera una al vallenato tradicional, mucho menos le sugirieron reglamentar a payola que no es delito en Colombia, no se habló de políticas de fomento para las escuelas de música tradicional, ni mucho menos de la seguridad social para los artistas (eso no le falta a Silvestre, Poncho u Oñate). Abrazos, fotos, brindis… y de aquello nada. 

Si no pidieron nada de esto, ¿qué lograron para el vallenato en esta parranda de ciega adhesión? Me atrevo a decir, que quienes lideraron utilizaron a muchos de los que fueron. Poncho, Silvestre, Oñate, Villazón, Zabaleta no apoyaron a Duque porque ven en él alguien que pueda subir ese menos del uno por ciento del presupuesto que el Estado invierte en cultura. Si así fuera, hubiesen apoyado a Fajardo o a Petro, quien gastó en Bogotá en ese sector más que el Ministerio de Cultura en toda la nación.  Estos artistas apoyaron a Duque porque además de cultures, son terratenientes y ganaderos; razones suficientes para preferir un gobierno que preserve el status quo en el tema de tierras.

Muy pocos de los que asistieron, pueden hoy arrogarse de ser “amigos personales” del presidente y hasta lograr que alguna vez lo invite presidencia a tocar en una parranda; pero, lo que no salió de esa reunión, fue lo que todos los demás actores del vallenato, los de Duque, los de Petro y los que no votaron esperaban: compromisos puntuales de salvaguarda y fomento. Duque en campaña, en temas como educación, salud y cultura siempre se refirió al qué, pero evadió el cómo. Todos saben lo que falta y lo que anda mal, el candidato debe decirnos es el cómo lo va a solucionar y de dónde va a sacar los recursos. Las respuestas sobre lo que viene para el vallenato con Duque nos la deben Zuleta, Dangond y su pléyade duquista, pero, yo dudo que lleguen y me declaro pesimista al respecto. ¡Que siga la parranda, qué folclóricos somos!          

 

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