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agosto 14 de 2018
NOTICIAS

La estrella de Virgilio

“Con el dedo índice señalaremos los astros de luz firme y brillante en los arroyos celestes hasta encontrar esa estrella”
Por: Weildler Guerra Curvelo - 2018 / 07 / 13

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la posición de www.guajirapress.com

En la pequeña plaza que se encuentra en la entrada del Museo Arqueológico de Aruba hay una embarcación wayuu con su mástil y una vela blanca que el viento agita como si navegara en alta mar. El rostro de ese pequeño cayuco de color azul y blanco fue decorado con grafismos indígenas por mi amigo de infancia Virgilio López en el estuario marino de Wasitpana, lugar de sábalos, un vecindario indígena que muchos conocen hoy con el arbitrario nombre de La Cachaca.

Cuando el entonces Primer Ministro de Aruba, Mike Eman, pidió en las costas de Camarones que le obsequiásemos una canoa indígena con sus aparejos tradicionales de pesca, encargué de esa tarea a Virgilio, pescador genuino, hombre de palabra y mi compañero de indagaciones en la recopilación del conocimiento wayuu sobre el mar y los seres que lo habitan. Muchos niños y visitantes de esa isla han subido y disfrutado la canoa que Virgilio decoró y dotó con un arpón y con sus remos.

Compartí un largo trecho de la vida con Virgilio López Epieyuu. Desde niño en la Divina Pastora ya tenía una perfecta caligrafía de escribano que hacía parecer superfluas a las imprentas más modernas. Virgilio participó en el Censo Binacional de 1992 en los estudios de ampliación del Resguardo de la Alta y Media Guajira, en los trabajos sobre tenencia de tierras en la reserva indígena y campesina de Carraipia y fue mi asistente en varias investigaciones etnográficas sobre el universo social wayuu.

Su rostro era el molde primigenio en el que Maleiwa se inspiró al principio del mundo para concebir a los wayuu. Esos rasgos originarios hacían inútil su pasaporte en los viajes a Maracaibo porque los guardas venezolanos confundían a Virgilio con el paisaje. Tenía un apetito pantagruélico y un cabello amerindio y rebelde que atraía vigorosamente a los rayos por lo que nos alejábamos del durante las tormentas eléctricas. Poseía un sentido de la lealtad que parecía tomado literalmente del tratado sobre la amistad de Miguel de Montaigne. Porque la verdadera amistad no se pregona, sino que se ejerce en silencio y, como lo afirma Jaques Derrida, este silencio guarda la amistad. Si la amistad se habla, afirma este autor, la relación se invierte pues toda amistad está fundada sobre un suelo incierto.

Para honrar a Virgilio esta tarde leí el texto de Giorgio Agambem sobre la amistad. En este el autor nos guía a través del pensamiento de Aristóteles quien afirmó que la existencia humana es una cosa deseable y buena en tanto que nos genera una sensación dulce, Dado que nuestros amigos también existen esto se traduce en el convivir y en tener en común acciones y pensamientos. En consecuencia, la amistad es una especie de comunidad y un con-sentir la existencia de un amigo. La amistad es, por tanto, un con-sentimiento del hecho de ser.

Hoy Virgilio ha muerto. Hace un año ese hecho innegable empobreció las vidas de quienes le amaban. Esta noche, previa a su aniversario, evoco las prolongadas conversaciones y vivencias que juntos compartimos entre los pescadores wayuu.

Entonces recuerdo que él era un sabio apalaanchi, un ser con el corazón volcado hacia el mar. Pienso que en el tiempo transhistórico del mito, al que llamamos wayuu sumaiiwa, los grandes pescadores primigenios pervivían como estrellas y así hoy podemos ver en las constelaciones a Similiyuu, la estrella que creó las primeras redes de pesca y a Pamo que engulle a su cuñado Jichi. Así evocamos sus vidas e historias. Esta noche miraremos el abigarrado firmamento y buscaremos a nuestro amigo.

Con el dedo índice señalaremos los astros de luz firme y brillante en los arroyos celestes hasta encontrar esa estrella, la estrella que por siempre Virgilio merece ser.  

wilderguerra©gmail.com    

 

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