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septiembre 20 de 2018
NOTICIAS

Minería responsable, biodiversidad segura

Más de 30 años de trabajo de protección y conservación ambiental reflejados en la vida silvestre.
La Guajira - 2018 / 03 / 31

“Hace tres años atrás, en medio de altas temperaturas y bajo la calma tediosa del frio, se conocieron Kai y Kashi, sus miradas tenebrosas se cruzaron, y desde entonces decidieron no separarse nunca el uno del otro y juraron amor eterno.

Conducidos por la curiosidad y arrebato de sus sentimientos, decidieron emprender un viaje para ser libres con sus emociones. Empujados por su propia naturaleza, llevaban poco con ellos más que sus miedos a lo desconocido, pero al mismo tiempo, llenos de valentía, decidieron adentrarse a la adrenalina de lo inexplorado que los hiciera sentir un ambiente totalmente inédito.

Un buen día, con la complicidad de la noche y como ladronzuelos enmascarados, entraron como polizones a un barco lleno de gigantes y temibles criaturas, no pretendían un lugar específico, solo viajar y sobrevivir en medio de la oscuridad y el silencio de un cálido pero ruidoso sótano que hacía eco a las constantes canciones de olas marinas y de una que otra ballena en las noches, que los hacia dormir plácidamente abrazados mientras se dejaban llevar por el navío al igual que su amor, sin rumbo fijo.

Kai tomando las riendas de la situación y buscando complacer a su amada, lograba escabullirse entre las gigantes criaturas encontrando comida, el agua nunca faltaba, una amigable gotera que daba al oscuro recinto los hidrataba y en una que otra parada de algunos puertos salían a contemplar su alrededor para volver al anochecer nuevamente a su impensado nido.

Así anduvieron de mar en mar, hasta que un buen día, en la parada de destino de aquella embarcación, lejos de las gigantes criaturas pudieron observar una tierra hermosa, algo jamás visto, un mar de varios azules que contrastaba con la palidez brillante de un arenoso desierto y un verde de una tímida vegetación; ¡hemos llegado! Se dijeron con su mirada ilusionada al pisar lo que habían escogidos como nuevo hogar.

Con el tiempo supieron que en esta tierra de vecinos legendarios llamados wayuu, sus nombres tenían significado, Kai significaba sol y Kashi luna, y entendieron que su unión no era una casualidad de la vida sino un inevitable encuentro de dos corazones en su ciclo existencial.

Extendieron su amor llevándolo a su proeza más alta, dejar un legado en su dominio, una herencia al que llamarían Wajiirra, nombre en honor a una tierra cómplice donde lejos de su entorno los recibió como si siempre hayan pertenecido a ella.

Hoy, juntos, Kai, Kashi y Wajirra, contemplan día a día desde su nido, la riqueza natural que les provee, se sienten orgullosos de ser seres invasores sobrevivientes en una tierra prometida”.

Esta es la historia contada por María Jose, una niña de 14 años que días atrás leyó una noticia sobre dos mapaches provenientes de Europa que llegaron a Puerto Bolívar en la Alta Guajira, en una noche oscura, vistos únicamente por un operador que en su intento de atraparlos, les perdió el rastro, mientras ellos se recluían en la vegetación cercana a la playa.

María José creo su propia versión de lo que considero el triunfo de la vida gracias a las tierras benditas de La Guajira. La hermosa jovencita de orígenes wayuu y quien en unos años quiere estudiar ingeniería ambiental y combinarla con la poesía, narra la historia casi encarnando a la hembra mapache, internándose en un mundo intrépido y romántico para describir lo que para ella vivieron los boreal o racuna como son conocidos científicamente los mapaches que llegaron hasta  la bella península.

Pero lo que más sorprende de María José, es que conoce el trabajo del área ambiental de la empresa presente en la zona, Cerrejón. Al contar la historia, la pequeña investigadora también resaltaba el trabajo de quienes venían siguiéndole el rastro a los enmascarados por más de tres años hasta que dieron con ellos; hoy, son parte del programa de monitoreo y seguimiento de especies en el área de influencia de la multinacional en la alta Guajira.

La mina de carbón del Cerrejón, está ubicada en la cuenca del río Ranchería, al sureste del Departamento de La Guajira, al este de la Sierra Nevada de Santa Marta y al oeste de la Serranía del Perijá, en la línea con la frontera con Venezuela. Las características de la mina permiten una extracción a cielo abierto, convirtiéndola en una de las minas más grandes a cielo abierto del mundo. El yacimiento carbonífero se divide en tres zonas principales, correspondientes a la Zona Norte, Zona Central y Zona Sur.

La minería del carbón en el Cerrejón, es una operación integrada de minería, transporte férreo y embarque de carbón en La Guajira, donde en sus 69.000 hectáreas prima el cuidado y la conservación por la vida silvestre.

Es por ello que no es difícil que una joven no solo conozca el exhaustivo trabajo de Cerrejón en la economía de la región, sino sus esfuerzos de compensación y retribución a la biodiversidad y a sus comunidades.

Los grupos sociales de apoyo no solo tienen total conocimiento de los programas de conservación, sino que participan de ellos como vigías y guardianes del medio ambiente, siendo testigos del cambio favorable donde los ecosistemas pasaron de ser fincas ganaderas a zonas boscosas seco tropicales con abundante vegetación y fauna.

Según reportes de archivo de la compañía carbonífera, antes de desarrollar la operación minera en el año de 1984, ya se habían realizado seguimientos constantes de fauna y flora para actualizar inventarios sobre especies existentes en el valle del complejo, así como también las calidades y puntos de agua en la región.

En el último reporte de Cerrejón, Luis Madriñan, especialista en Biodiversidad de la entidad, explica que en al inicio de la operación hace décadas atrás tenían 183 especies de plantas mayores y en el último monitoreo llevado a cabo en el 2017 aumento a 196, esto ha hecho que dentro ecosistema aumente el número de especies animales como por ejemplo los insectos que en la actualidad son representativos de sistemas boscosos y que a su vez atraen a aves de diferentes características.

Todos estos indicadores demuestran que la convivencia de la minería con la biodiversidad en la región, es posible; incluso según ambientalistas de Cerrejón, hoy la fauna utiliza la mina como refugio para las especies, ya que la caza y la pesca son prohibidas en el complejo carbonífero y es fácil encontrar poblaciones importantes de Venados, Chigüiros, Guartinajas, Zainos, Ñeques, entre otros que atraen a especies dominantes dentro de la cadena alimenticia como el Jaguar del cual se tienen cinco avistamientos en su extensión de influencia.

El Programa de Monitoreo y Seguimiento de fauna analiza la composición de las especies, su abundancia, diversidad y distribución espacio-temporal en poblaciones de anfibios, reptiles, aves y mamíferos; contando con un equipo multidisciplinario entre biólogos, ingenieros ambientales, veterinarios y auxiliares en campo

Para que todo lo anterior pueda surgir, florecer y sobre todo vivir, se hace necesario hablar del agua, donde Cerrejón dentro de sus planes de compensación busca conectar biológicamente la Sierra Nevada de Santa Marta con la Serranía del Perija, conformando el corredor de conservación llamado Wuinn Manna” que significa en wayuu corredor biológico del agua, y en el que la compañía trabaja en alianza con la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA), para lograr la recuperación de cuencas hidrográficas y cosecha de agua, a través de acuerdos de conservación con las comunidades vecinas, para la protección de especies en peligro de extinción.

Todo este trabajo ambiental desarrollado por la multinacional carbonífera de La Guajira, la ha hecho merecedora de innumerables reconocimientos nacionales e internacionales, como el premio Andesco que reconoce la gestión ambiental de las organizaciones del país y el Premio de Responsabilidad Ambiental, otorgado por la Fundación para el desarrollo sostenible Siembra Colombia, la Embajada Británica, el Ministerio de Ambiente Vivienda y Desarrollo Territorial y el programa de Naciones Unidas.

Sin embargo, el mayor reconocimiento es el que obtiene por parte de las comunidades con la cual trabaja de la mano a través de procesos sociales ambientales como es el caso de la promoción y conservación de especies en peligro crítico de extinción como caimán aguja y 4 especies de tortugas marinas de Bahía Portete, de las cuales 6.400 especímenes de esta especie han regresado al mar gracias a esta iniciativa implementada desde 2007.

Estos logros y exitosos programas de conservación dieron pie para que en el 2015 La autoridad ambiental del departamento, Corporación Autónoma Regional de La Guajira, Corpoguajira, exaltará a través de una obra impresa los 30 años de cuidado y conservación de la biodiversidad de la compañía en La Guajira.

La obra de colección con decenas de imágenes de fauna y flora, e información detallada de los procesos ambientales de Cerrejón, contó con la revisión científica de Conservación Internacional, con el apoyo de la Fundación Omacha, el Fondo para la Acción Ambiental y la Niñez – Fondo Acción, evidencia el compromiso de la Compañía en promover prácticas ambiental y socialmente responsables que van más allá de las exigencias legales.

“Aunque este libro termina con un capítulo denominado “El futuro”, donde se describe el destino de las cerca de 18.000 hectáreas intervenidas; uno no puede uno dejar de sentirse transportado a ese escenario ancestral, exhuberante y pletórico de diversidad de vida que habitó esa región del Paleoceno hace 60 millones de años. Un mundo donde todo lo existente actualmente, tanto seres vivos como recursos minerales, tuvieron sus orígenes; demostrándose también la cercana relación entre la riqueza de vida de ese entonces, con la riqueza mineralizada que hoy se encuentra en Cerrejón y que ha conformado un tesoro energético que se ha venido extrayendo desde el inicio de las operaciones en 1984, y que continuará hasta el cierre de la mina previsto para 2034” explica en su prólogo José Vicente Rodríguez-Mahecha, Presidente Asociación Colombiana de Zoología y Director Científico de la Conservación Internacional Colombia.

Hoy por hoy, Cerrejón sigue ampliando sus estadísticas en materia de promoción, protección y conservación de la biodiversidad en La Guajira, incluso con especies invasora como los mapaches quienes son el vivo ejemplo de la resistencia de la naturaleza que da vida a la vida cuando un área es protegida.

La hermosa Maria Jose, la niña soñadora amiga de Kai, Kashi y Wajirra, dice que seguirá imaginando historias, tal vez mañana sea un escrito de una tortuga, o de una caimán de aguja; pero no basadas en la fantasía sino en la realidad de una labor realizada por una multinacional carbonífera que hace minería responsable y amigable con el medio ambiente.

“En un mundo cada vez más desarrollado, con necesidades crecientes, cobra relevancia la biodiversidad en todo su sentido, impulsando una nueva perspectiva para la conservación de la naturaleza. Si bien no se trata de un concepto desconocido, ya que los términos diversidad biológica, variedad natural y naturaleza han estado presentes desde hace tiempo, su importancia reside en que, bajo la sombrilla de biodiversidad, todos estos temas se han reagrupado para unir esfuerzos hacia la conservación” Roberto Junguito, Presidente de Cerrejón.

 

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