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febrero 17 de 2018
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Del mestizaje a los emojis de whatsapp

“La autoridad ancestral ha perdido sus deberes cuando le crecieron los derechos”.
Por: Laura José Almazo - Antropóloga - 2018 / 01 / 10

En 2015 aterrizaron a los celulares los emojis multirraciales de la aplicación de mensajería instantánea, whatssapp, agregando aparentemente a las conversaciones variedad cultural. Así las personas pueden autoreconocerse como blanco, negro, mestizo y un sinfín de colores de rostro y cabello según la similitud de su color de piel y el del emoji en cuestión. Pero el asunto no es tan sencillo en el mundo real. Decir que se es negro, indio o blanco trae consigo unas implicaciones sociales y políticas que resultan mucho más tensionantes en un territorio mayoritariamente indígena como La Guajira y en un país tan mestizo como Colombia.

Los emojis, el escándalo de la líder afro Rachel Dolezal en Estados Unidos hace un par de años, las credenciales de partidos afros a gente de piel blanca son una muestra de que no está claro si la pertenencia étnica y/o la determinación racial están dados por la genética y la apariencia física, sino también por otros factores como la autodeterminación, la crianza y un elemento mucho más poderoso, el político.

Para el estudioso de la cultura Peter Wade la idea de mestizaje en cierto periodo obedeció más a intereses políticos, con la idea de democratización, una imagen que se acerca más a aquella proyectada por la raza blanca y que ha intentado alienar a la raza indígena y aún en mayor medida a la negra. Para la historia somos herencia de una gran mezcla de razas, pero en ciertas zonas, grupos y ámbito es más evidente la diferenciación y mezcla de unos con otros.

En el caso guajiro se observa un incremento del orgullo étnico sobre todo en las elites políticas. Orgullo que no concuerda con el padecimiento que atraviesa el pueblo Wayuu. La decisión de autoproclamarse indio, negro o blanco como bien le plazca al individuo es un derecho constitucional pero también debería convertirse en un deber ético.

Resulta paradójico que en un auge inimaginado del orgullo indígena para acceder a beneficios nacionales y a caminos más rápidos para ocupar cargos, decrezca el respeto por las autoridades ancestrales.  Y resulta muy cierto lo que dice el gran palabrero e investigador Wayuu, Odilón Montiel, “Que la autoridad ancestral ha perdido sus deberes cuando le crecieron los derechos”.

 

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