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diciembre 11 de 2018
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Adiós a las marimondas

Opinión - 2017 / 02 / 07

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la posición de www.guajirapress.com  

@Riohachaposible Angel Roys Mejia 

De paso a la zona de reagrupamiento de las Farc en la Ye de las Marimondas, área rural de Conejo en jurisdicción del municipio sureño de Fonseca en La Guajira, contrastan los letreros de la ideología desteñida del movimiento político regional conocido como el FUL (Fuerza Unida Liberal) de los años 80´s empotrados en las bancas del parque y la explosión de murales y letreros de colores de la paz que la comunidad junto a los desmovilizados ha venido dibujando en las paredes de este corregimiento con nombre de liebre.

Unos 6 kilómetros en carretera escarpada conducen a este paraje veredal donde se había establecido provisionalmente el campamento del Frente 59 de las Farc que lleva años haciendo de las montañas del Perijá un centro de operaciones de guerra. Allá fuimos a dar buscando rostros y testimonios del conflicto bélico mas antiguo del planeta, no libres por supuesto, del veneno de años del lenguaje mediático cargado de adjetivos furiosos.

Un dueño de finca vecino del predio en el que se ha establecido el campamento de transición explica que el nombre de Marimonda corresponde a los monos araña que abundan por la región y que según cuenta tienen la propiedad de mostrar la sangre a su agresor cuando son heridos. Una buena metáfora para las victimas que han derramado su sangre en esta confrontación fratricida.

Luego de ser anotados en la entrada en un formato de registro ingresamos al acantonamiento en el que se aprecia en primer lugar un área de labores con siete bateas en la que hombres y mujeres en ropa interior se dedicaban por turnos  al lavado de su ropa. Permite deducir el orden y respeto que se profesan como parte de una convivencia signada por la hermandad.

A unos 50 metros habilitaron una cancha múltiple para la práctica de voleibol y microfútbol, disciplinas en las que se ejercitan  en equipos mixtos y cuyo fundamento es el estimulo al pensamiento colectivo y colaborativo.  Fuimos llevados a un costado de la cancha, a una especie de oficina en descampado con sillas, extensiones para la carga de equipos de computación y celulares y una carpa en polisombra para amortiguar el fuerte sol. Allí fuimos atendidos por el “profesor” en cuyo acento se descubre un hombre de paramo con la cuenta perdida de los años que lleva sosteniendo la ideología rebelde con las armas.

Prima en su extensa disertación una profunda desconfianza a que el gobierno cumpla con lo consignado en los acuerdos, pero a pesar del camuflado y las botas se infiere el estoicismo con el que abrigan el cambio de la lucha armada por la organización política de las comunidades para obtener a través de las urnas gobiernos mas justos que superen las profundas desigualdades sociales. La disposición del adoctrinamiento del profesor se interrumpe a la 1:20 por el anuncio del almuerzo.

Allí mismo donde estamos, llegan unas bandejas con platos de peltre que descubren el menú austero de arroz de sardina milimétricamente porcionado, yuca, ensalada de tomate y cebolla y agua de panela.

Escuchamos las noticias durante la comida, atentos al anuncio del gobierno sobre la infraestructura básica comprometida en la Zona Veredal de los Pondores que recibirá a los desmovilizados en la siguiente etapa de implementación de los acuerdos, dejación de las armas  y reincorporación. Justo a 10 días y a 10 kilómetros de la marcha final y el adiós a las marimondas, existe una tensa desconfianza sobre el cronograma y el cumplimiento del gobierno. 

Luego de la comida somos invitados a hacer la digestión con una visita guiada al resto del campamento instalado, para lo cual nos encomiendan la compañía de una joven wayuu que cumple 10 años en la guerrilla. “Daysi” nos guía a un espacio más íntimo donde están dispuestos los cambuches construidos y adecuados por sus propias manos, que reflejan la personalidad de cada combatiente.  En el dormitorio de uno de los voceros, el orden y el aseo son notorios. Sobre una caja usada como escritorio reposa el libro del periodista Jorge Enrique Botero titulado El Hombre de Hierro – Simón Trinidad, biografía del jefe guerrillero oriundo del cesar, que cumple sentencia de 60 años en el cementerio de los vivos, como llaman al penal de Florence, Colorado en los Estados Unidos, donde fue extraditado en el 2003.

Mientras somos conducidos en la visita guiada, un breve paneo del campamento deja apreciar en el terreno la anécdota contada por el “camarada” anfitrión sobre las mascotas que acompañan a los miembros del Bloque Caribe Martin Caballero del frente 59 de las Farc. Perros en particular, en cuyo cuidado se nota el esmero y la franca conciencia animalista. La mayoría donados por finqueros solidarios con la causa.

La anécdota hacia alusión a un consejo de grupo que se tuvo que realizar con ocasión de resolver un conflicto interno provocado por la tenencia de un ñeque, roedor de tamaño similar a un conejo, que había sido obsequiado en una finca a un militante. Pero el animalito se especializó en roer cuanto cable encontraba a su paso destrozando cargadores de celulares y computadores convirtiéndose en una molestia verdadera afectando la convivencia. La decisión impuesta a su protector, fue la de liberarlo a su suerte en el descampado.

Preguntamos por los murales en el pueblo y nos conducen al dormitorio de la artista cuya firma que figura en la propuesta plástica es Inti Maleigua, un collage de imágenes que grafican  los hitos del pasado y presente de la guerrilla mas antigua de américa y el discurso estético de la lucha armada.

Organizaciones civiles, líderes sociales y políticos, centros académicos como las Universidades del Norte y del Atlántico han estado en la zona indagando sobre este proceso que concita el interés de todo el país y constituye el hecho más significativo para la historia de Colombia en las últimas décadas. Esperan sin embargo, que la Universidad de La Guajira como principal institución de educación superior de la región oriente su interés hacia el proceso de implementación de los acuerdos aportando en materia de investigación y desarrollo académico.

Mientras el país que vive en los medios recrea una polarización política por sectores que mutuamente se señalan de desbaratar mediante artimañas y robos las instituciones y sus arcas; en los rostros de la guerrilla cicatrizan el odio, el acoso del monte y las balas y la condena de vivir lejos de sus familias por defender una ideología con un modelo de país mas incluyente.

Hoy que amarran sus botas con la mirada puesta en el horizonte para decirle adiós a la Ye de las marimondas piensan en un camino de regreso pero para sembrar de paz los campos y montañas, asegurar su productividad y convencer a sus habitantes de que la vía política es posible.

Serie Crónicas Urbanas (1)

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