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septiembre 23 de 2017
INFORME ESPECIAL

 

                                   Playas de Palomino, La Guajira.

Palomino, nueva torre de Babel

Por: @Riohachaposible – Angel Roys Mejia

Es sábado y cae la tarde en un día de sereno y bruma a orillas del mar caribe en Palomino jurisdicción del municipio guajiro de Dibulla, justo a una hora de Riohacha y a la misma distancia de Santa Marta en la carretera 90 conocida como la troncal. Un joven chileno se acerca a los bañistas y nos comparte un volante invitando a la función del circo en El Ocelote, un hostal de los que ya abundan en la playa y que ha adecuado en una explanada contigua, sitio para el espectáculo.

El repertorio de la cartelera circense lo componen malabaristas, un payaso triste y un cuarteto de música integrado por guitarra, trompeta, saxofón y tambor. Ambientan previamente la llegada del público con folclore latino, jazz, funk y variedad de aires de nueva era  mientras dan lugar al arribo de rostros bronceados que conservan la avidez por el paisaje y el ambiente.

“-Buenas noches apreciados amigos, bienvenidos a su función de circo en el Ocelote, el espectáculo mas inestable de la comarca-…” anuncia el presentador que de una vez empieza a lanzar conos al aire trasladándonos de inmediato en su vestido de gala a los miles de semáforos del país inundados por toda clase de artistas callejeros de subsistencia. Ahora, el mismo chileno promotor de la función, toma una pelota grande y la va compartiendo con la audiencia que ya completa el aforo del redondel de más o menos unas 70 personas, preguntándoles su país de origen. Finlandeses, griegos, alemanes, argentinos, chilenos y colombianos entre otros completan el escenario nocturno de esta nueva torre de Babel en la que se ha convertido este rincón continental del Caribe colombiano a los pies de la Sierra Nevada de Santa Marta. La entrada tiene un valor de dos mil pesos, que son recibidos por un par de jóvenes que amplifican el discurso del “Gran Pepe Mújica” en un parlante para llamar la atención de los transeúntes.

La romería de visitantes en busca de atractivos que eleven el espíritu ha motivado la consolidación de una propuesta ecológica, artística, visual y musical, materializada a través del Festival Jaguar que desde 2014 se realiza a comienzos de cada año y que convoca a seguidores y promueve interpretes de terapia criolla, champeta, cumbia tropical, afrodelia, rock, pop y música electrónica. Evento totalmente inusual en una región donde anualmente se realizan más de 40 festivales de música de acordeón.

Al salir de la función buscamos donde comer algo antes de ir a dormir y nos detuvimos en un lugar que ofrecía asados y comida rápida con jugos naturales. Mi acompañante es sorprendida por la mano impulsiva de un “mamo” ataviado de su traje típico y en avanzado estado de alicoramiento, de cuyo rostro no desaparece una mueca picara que se esfuerza por ser una sonrisa. Intercambia palabras con el  dueño del establecimiento y señalando hacia nosotros le dice al dependiente en su media lengua que mi acompañante está buena para llevarla a la cama. Ellos y su cultura son el principal atractivo del turismo que llega, y no agotan calificativos para difundir en blogs promocionales que en Palomino y toda la zona pueden encontrarse con los indígenas más indígenas del mundo.

Indígenas Arhuacos en Palomino

Sin embargo, en la confluencia de mundos, muchos pierden la brújula tratando de hallarles sentido a las manifestaciones ancestrales asociadas al consumo de plantas con efectos narcóticos e intoxicantes y confunden su viaje. Los indígenas de la Sierra tienen una relación mítica y cosmogónica con la tierra y sus productos.  El mambe es un polvo, que resulta del machacar y cernir hojas de coca  y mezclarlas con cal obtenida de la trituración en un poporo de conchas marinas, ritual con propósitos espirituales y medicinales; para ellos, la coca es una madre, una planta sagrada que alimenta y da vida, una medicina que cura cuerpo y espíritu; otro viaje.

A la mañana siguiente, con un sol amenazante debajo de espesas nubes sincronizados con un oleaje turbulento de marea inestable, bordeando la playa en camino a la desembocadura del rio cuyo nombre da lugar a este paraje de turismo nuevo, después de recibir la orientación del salvavidas, iniciamos la caminata tomando la referencia del “ahí mismo” de los lugareños, que se tradujo en media hora de camino asediados por olas furiosas y la barrera natural de manglares y uvas playeras que casi se saludan en un ritual discordante y natural. Letreros advierten prohibiciones a bañistas y en especial a “mochileros” de no acampar en la zona con un tajante “esto no es letrina”, para salvaguardar la aun virgen naturaleza de los hábitos depredadores del hombre.

Cuando estábamos por devolvernos, el avistamiento de unas toldas en el horizonte animó nuestro paso para ser atropellados por un nuevo asedio, un mulato venezolano de canosa barba, ofrece el menú de diversidad de pescados, arroz de camarón, pero también pollo y carne. Al preguntarle sobre el trayecto en neumáticos por el rio, uno de los atractivos de esta ruta turística, nos desalienta con un “-chico, tienen que subir media hora sobre el rio y luego descender dos horas más-”.  Luego se acerca  y en plano intimo nos revela: -“el tiro para hacer ese paseo es fumarse un bareto y el tiempo se pasa volando-” 

Decidimos tomar la recomendación de ruta alterna para el regreso por un sendero paralelo al rio desde la desembocadura en una trocha forjada a paso de caminantes y cubierta por arboles de Guamacho, Caracolí, Camajón y otras especies de 10 y 30 metros de altura que se convierten en un techo natural para senderistas. Ruta más amable, que conduce al pueblo, y es habitual en ella tropezar koguis, wiwas, ikas y kankuamos. Un niño de cabello negro y largo hace una pirueta desde un árbol cuyo tronco deformado se inclina sobre el rio formando un trampolín y cae al agua con la belleza de un Martin pescador, luego emerge dejando ver su desnudez plena y desprevenida, al sentirse observado se escabulle entre el matorral para evitar el enfoque de la cámara de un turista extranjero abstraído por el concierto de naturaleza y vida.

En los catálogos virtuales de turismo alternativo este destino junto al parque Tayrona, Guachaca, Buritaca, Mendihuaca y todo el piedemonte costero de la Sierra Nevada es identificado como una especie de “ombligo del mundo” que produce fascinación en quienes huyen de demonios urbanos y del bullicio de las ciudades. La desembocadura de ríos cristalinos custodiados por abundante vegetación aupados por la mirada tutelar de la Sierra, han desarrollado una modalidad de paseo sobre las aguas, como simulando una caída libre siguiendo el destino tributario de las fuentes de agua nacidas en los glaciares del sistema  montañoso litoral mas alto del planeta y que desembocan en el brioso mar Caribe. El trayecto es apropiado para estados de meditación profunda y también para sobrellevar los estados emotivos influenciados por el consumo de drogas y alcohol, con un aparente riesgo mínimo por la escasa profundidad del rio en tiempo de pocas lluvias, pero que ya cobra una cifra en vidas sin estadísticas concretas.

El dato mas reciente de hecho fatal, se produjo  hace pocas semanas en la que perdió la vida un joven abogado oriundo de Maicao. La  prensa registró durante el año anterior, la muerte por ahogamiento de 5 personas en Palomino. 

El ecosendero nos desemboca en la calle de la plaza del pueblo donde está ubicada la iglesia de San Isidro Labrador, el santo patrón de los agricultores, pintada de un color azul y sobre el que llueven flores de un Roble que funge como cancerbero de la placita. -Al pueblo-, nos cuenta el dueño de la tienda donde compramos agua para hidratarnos, - lo ha estratificado el turismo- dice. De un lado de la troncal distante de la playa se ha ido poblando de sitios de acampamiento y hostales para mochileros que pueden llegar a costar hasta cinco dólares y donde les permiten preparar sus propios alimentos. Del otro lado de la carretera, buscando el mar es notable las inversiones en hoteles, hostales y hospedajes con mayores comodidades que han venido desplazando hasta los propios lugareños que ante la fuerte demanda de inversionistas con dinero contante y sonante han visto la oportunidad de hacer el negocio de sus vidas.

Cierra su comentario indicando que por las noches se arma el alboroto y las fronteras desaparecen juntando orígenes distintos por el encantamiento del licor y los ambientes de sicodelia.

Palomino crece a su propio ritmo y la administración municipal de Dibulla aún no reacciona. No se formula aun un plan parcial especial dirigido al concepto de turismo alternativo de gran escala que hoy ya se practica en todo el corredor de la Sierra Nevada de Santa Marta y que a muy breve plazo puede impactar negativamente el desarrollo del pueblo si no se prevén medidas para asegurar el saneamiento procurando la disposición final de excretas, desechos solidos, orgánicos e inorgánicos y se fijen criterios para las construcciones en la playa y el uso con fines turísticos de zonas con ecosistemas frágiles. Tampoco reacciona Corpoguajira, que sigue siendo tímida con medidas que permitan controlar la creciente producción de basura en la zona que de manera indiscriminada está siendo arrojada en múltiples lugares sin control.

Contaminación

Caso contrario acontece en el Parque Natural Tayrona donde Parques Nacionales junto a otras entidades vienen implementando un plan maestro para contrarrestar los factores estructurales de contaminación ambiental a través de la identificación de las fuentes y orígenes de los vertimientos, desechos, explotaciones, construcciones, proyectos de desarrollo regional y demás focos que alteren los ecosistemas. 

De regreso nos embarcamos en una moto que presta servicios de taxi local, conducida por un paisa cincuentón que tiene mas de 20 años de vivir en el pueblo y de inmediato se desborda en una radiografía social, política y económica precisando como superada la época de la violencia paramilitar por el control de los cultivos de marihuana y coca camuflados por años en las estribaciones de la Sierra. En tono sentencioso nos dice:

  “–este buen vividero que es Palomino ahora, no nos lo dejamos arrebatar otra vez-“.

Un estudio ambiental realizado por Prosierra en 1986 afirma que la introducción de la Marihuana en la Sierra Nevada se hizo a principios del siglo XVll con fines de aprovechamiento de Cañamo. Los propósitos de uso como intoxicante tienen antecedentes en 1927 utilizada por braceros y marineros del litoral caribe. Pero el albor del consumo se disparó después de la finalización de la guerra de Vietnan en 1975 fomentada por los veteranos.

Al caer la tarde descansamos en un tronco para esperar la huida del sol. Dos mujeres extranjeras hacen ejercicios tántricos y yoga, al cabo rato se les une un indígena que es recibido con muestras de complacencia, armándose un trio de plasticidad, misterio, contraste y piel alucinante. Un codazo leve propinado por mi acompañante me alerta sobre una joven pareja sentada al otro costado del tronco, que con naturalidad se cooperan para envolver en papel de arroz el contenido de una dosis personal de marihuana. Nos levantamos a caminar e intercambiamos impresiones con una pareja de una alemana larga y enjuta acompañada de un chileno de la Patagonia con quien visita este paraje por segunda ocasión.

Ella es Antropóloga y él, ingeniero eléctrico iniciaron una amistad virtual muy en boga en estos tiempos contemporáneos y ahorrando lograron reunir lo suficiente para planear su cita en Palomino. Su itinerario incluye Taganga y todo el corredor del parque natural Tayrona cargando unos petates enormes, que le han ganado el apelativo de “Mochileros”, donde llevan lo necesario para armar y desarmar la tienda donde los coja la noche. Se mueven metiéndole la mano a los vehículos que transitan en la vía con la premisa de viajero de ahorrar lo que mas se pueda en desplazamiento para invertir en hidratación y comida, este ir y venir del carajo como el amor en los tiempos del cólera lo hacen durante todo un mes antes de partir a sus lugares de origen.

A la mañana siguiente, nos decidimos a dar el paso que le estaba haciendo falta a la estadía: bañarnos en el mar. Preferimos hacerlo temprano intuyendo marea calmada al inicio del día, pero el ímpetu de las olas no da tregua, fuertes corrientes al menor descuido nos empujan a su antojo mas hacia adentro y entendemos en carne propia la razón de los ahogamientos recurrentes. Los fuertes vientos que chocan con la pared montañosa de la Sierra ejercen un peligroso albedrio sobre el movimiento de las olas que al menor descuido puede ocasionar una desgracia.   

Surfing en Palomino

Nuestra bitácora de caminantes nos indica que desde Santa Marta se han dispuesto con más eficacia planes y medios para llegar a estos destinos. Existen rutas de microbuses con itinerarios permanentes; mientras que desde la capital de La Guajira se sigue soslayando que algo distinto está pasando en Palomino y cuesta trabajo conseguir transporte directo al lugar.

Con razón sus habitantes en los comicios recientes grafitearon paredes insultantes contra quienes pretendieran ir por sus votos y clamaban la segregación de Dibulla. Se sienten dueños ya de una dinámica que está transformando sus imaginarios y cuyos recursos puede impulsar su propósito autonómico. Mientras esperamos un bus de paso para Riohacha, una flota de 5 microbuses y otro tanto de camionetas apuntan hacia Santa Marta, desde allá y hacia allá se mueve el mayor porcentaje de viajeros.

Pasa por fin un bus interdepartamental, mientras nos acomodamos vemos por las ventanas letreros de restaurantes promocionando el menú en ingles, una rubia en bicicleta con una sonrisa que lo dice todo, una familia wiwa marchando en hilera tratando de alejarse del mundo y un par de hippies con pinta y andar parsimonioso en un desfile babélico de todos los días. Vemos a un grupo encabezados por un “rapta” pidiendo ser llevados en una camioneta, es probable que su destino sea el mismo nuestro, pero en su equipaje asoman los conos y bengalas con los que subsisten de las monedas goteadas en cada semáforo en su filosofía muy propia de pan, viaje y circo.

 

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